viernes, 9 de junio de 2017

Picasso y el Mediterráneo. La alegría de vivir


 



Una exposición de luz y mar. Orillas y fiestas taurinas. Hasta el 15 de agosto la tenemos en la Fundación Canal (Mateo Inurria, 3)

91 piezas traídas de la Fundación Picasso de Málaga. Llevan una historia común. Temas y lugares que le inspiraron. Nos invade el azul claro y las ondas de camisetas marineras de la exposición. Tranquilizador , la estética de la disposición de las salas agrada e invita al paseo sosegado por la arena ficticia. Con esa tranquilidad de espíritu enfrentamos al salvaje toro de la Fiesta Nacional, tema del que era entusiasta Picasso, con el júbilo de las playas o el sueño de los faunos.

Una pared acoge las soberbias litografías de la serie Toro. Picasso aborda de forma faseada esta figura animal desde una aproximación realista, detallada (las primeras), para pasar por su personal interpretación cubista donde se va desvaneciendo la forma, se geometriza el cuerpo del animal, apareciendo luego una testa que más parece una máscara africana, para terminar con una sublime simplificación de la figura en un renglón. De la robustez inicial del toro a la sencillez de una línea prehistórica (infantil y preclara (¿). Una repetición pero también una minuciosa cadena en la que cada eslabón añade o elimina formas, luces, contrastes de las interpretaciones anteriores.

Otras zonas de la muestra nos presentan escenas de playa en cerámicas, bañistas y sombrillas en platos y fuentes. La alegría mediterránea de vivir. La vida, el sol y el bullicio del gentío ensordecen los oídos de un espectador atento.

La sección dedicada a los cuerpos nos da las pautas primordiales del desnudo medido, grecolatino, de figuras erguidas y perfiles perfectos. Otra sala nos dedica el ardor y pasión de Picasso por la mitología, como creador de su propia mitología particular, con faunos campestres y panes embaucando con sus flautas. Minotauros representando lo bello y a la vez lo oscuro del ser humano (la misma dualidad intelectual de Picasso?), Venus y el amor (2 litografías de serie, como las del Toro y las de Mujeres de Argel de la última sala).

Con las “Mujeres de Argel”  disfrutaremos de la visión particular de Picasso (distinta a la mirada romántica y suntuosa de su admirado Delacroix), libre, risueña y amoral, des-consagrada. La misma idea de serie litográfica (variantes sobre un mismo tema) se han visto ya en distintas zonas de la exhibición. Y terminaremos con bodegones marinos de peces y bogavantes, alimentos de costa, muy mediterráneos…., para emplatarlos en la última fuente de la exposición. ¡Tan festivo!

jueves, 8 de junio de 2017

Rafael Moneo. Una Reflexión Teórica desde la profesión.






La vida no está pensada para hacer planes. Yo nunca los he hecho más allá de las vacaciones de verano” (Rafael Moneo)

 

Una retrospectiva que podemos disfrutar hasta el 11 de junio en el Museo Thyssen Bornemisza.

¿Qué labor tiene hoy en día un arquitecto?. En épocas nada propicias en España para esta profesión, altas capacidades que emigran para la búsqueda de un nuevo Dorado, la historia del tudelano Rafael Moneo nos puede servir de referente ejemplar. Una selección de dibujos, maquetas, fotografías de encargos de este arquitecto nacional. La muestra ha paseado por A Coruña y es, de hecho, una retrospectiva (la primera en el Thyssen) de su trabajo y vida profesional.

La exposición pivota a través de sus dibujos (121), son el hilo conductor, esenciales en el proceso intelectivo del trabajo de cualquier arquitecto porque van configurando la idea de un proyecto. Los dibujos para Moneo son una herramienta principal para el desarrollo de sus propuestas (un arquitecto siempre recurre al “rasguño”, al dibujo, pues es la manera de plasmar una idea en cuanto nace como simple intención). Actualmente pueden estar en desuso pero no en aquel momento. A través de ellos se van definiendo las decisiones del trabajo final de este arquitecto, para su organización mental.

El croquis (se usaba lápiz sobre papel de croquis semitransparente) para la casa de la Moraleja de Alfonso Gómez-Acebo tiene su encanto e importancia. Su diseño rompedor y noble, con una balaustrada y plantas colgantes nos transporta a décadas pasadas. O bien las viviendas en el Paseo de la Habana (73-77), que se pueden disfrutar si uno se pasea por esta calle. Se muestran planos amarillentos por el paso del tiempo muy significativos que Moneo tenía guardados en su sótano y que recupera el Comisario  Francisco González de Canales para esta exposición. Las cuidadas 19 maquetas expuestas son una delicia. A modo de casas de muñecas perfectamente diseñadas, materiales limpios y pulidos.

La siguiente sección del recorrido ya no tendrá tantos dibujos. Se van sustituyendo aquél con otras técnicas (maquetación y fotografías), aunque Moneo jamás renunciará a él.

Las fotos también acompañan fuerte y nos modelan otros trabajos internacionales y nacionales premiados (él, único español, galardonado en 1996 con el premio Pritzker de Arquitectura, y antes con el Príncipe de Asturias de las Artes en el 92, entre otros muchos), junto con otros que ni siquiera llegaron a nacer, pero cuyos planos podemos disfrutar.

A él debemos la inteligente ampliación del Museo del Prado (98-07), 1er premio. La catedral de Ntra. Sra. de los Ángeles (en L.A., California, 96-02), también 1º premio. Suya es la nueva imagen de la estación de Atocha en Madrid. Muchos ejemplos que podremos contemplar con los planos, maquetas y fotografías expuestos en la muestra.

Siempre que se le pregunta por su modelo de inspiración, responde que no es unívoco, aunque dice que hay siempre que reflexionar. “Una reflexión basada en la certeza de que detrás de las formas de la arquitectura existe una determinada visión del mundo, un mensaje oculto que hemos de descifrar para comprender el presente”. En su intervención para el Museo de Arte Romano de Mérida nos inunda la belleza de la historia recalificada para los tiempos modernos (un espacio absolutamente romano para disfrute del presente). Insertado en plena ciudad antigua, dialoga con el pasado histórico a través de sus poderosos arcos (gusto romano), el ladrillo rojo y la iluminación para adaptarse a él. Usa el paisaje y su historia para concebir sus obras. También la Fundación Miró en Palma nos transmite esta concepción.

Si, además, tienes la suerte de encontrarte con él mientras pasea sonriente entre sus obras e, incluso, saludarle (incluso a horas intempestivas como las cuatro de la tarde de un día corriente), entonces la visita quedará para siempre en el recuerdo.

jueves, 18 de mayo de 2017

Obras Maestras de Budapest. Del Renacimiento a las vanguardias.


A punto finalizar (el 28 de mayo próximo) la exposición, con ocho salas que abarcan el estado del arte desde el Renacimiento italiano y alemán hasta el modernismo y primeras vanguardias de del siglo XX. Obras traídas del Museo de Bellas Artes (temporalmente cerrado por reformas) y la Galería Nacional de Hungría.

Primera y Segunda Salas: dedicadas al Renacimiento alemán, italiano flamenca. Con una de las tablas más valiosas de la exposición, “Salomé con la cabeza de San Juan Bautista“  (Lucas Cranach), rememorando (según se explica) la mujer como icono de poder y sensualidad. Motivos, el de la mujer, que irán apareciendo en el recorrido de la exposición (penúltima sala), dándonos a conocer distintas facetas de las lecturas y plasmaciones artísticas del ese poder femenino a lo largo de los tiempos.  Hay una tablita combada de belleza sublime, “Virgen con el Niño y San Juanito”, de delicada composición triangular, muy armónica en cuanto a la configuración de los personajes moviéndose con toda naturalidad.

Se pasa después por el Barroco holandés, español (con obras de Murillo, Velázquez y Zurbarán, entre otras ) e italiano. Pinturas narrativas que reflejan las características de esta época: alegórica, mitológica, motivos bíblicos. Un buen ejemplo es en el “San Juan Evangelista” de A. Van Dyck. También cuelgan 3 Goyas en la sala dedicada al XII español. Es interesante la similitud entre el “Retrato de Manuela Camas y de las Heras” (mujer de Ceán Bermúdez, de cuya vida nos pudimos enterar gracias a la Biblioteca Nacional el año pasado) con la “Duquesa de Chinchón”. Frente al desamparo de esta última, la fortaleza que desprende la primera.  La monumentalidad de “Betsabé en el baño” no nos deja indiferentes, como tampoco la suntuosidad de la obra casi cortesana. Cuelga un Belloto, curioso por los reflejos estáticos de los edificios del canal en el agua, que son exactamente simétricos a los edificios reales que reflecta. Muy bello es el “Ecce Homo” de Mateo Cerezoque reposa en la pared, sin dolor, pensativo, cansado simplemente, nada le duele, nada le espanta, su cuerpo reluce y brilla, su cara no.

El penúltimo espacio está dedicado a la Nueva Imagen de la mujer. La mujer es protagonista de esta parada, concebida con distintas perspectivas, inmersa en el sueño de una noche de verano shakesperiano, entre centauros de Böcklin o con ejemplos como “Mujer con abanico” (Manet) sorprenden por si gigantismo. Una mano desproporcionada resalta en el conjunto blanco de la imagen. Una cabeza, en cambio, diminuta se atisba. La emotiva “Verónica” (vera icona) de un inconfundible Kokoschka nos cuenta el sufrimiento de las madres que despidieron a sus hijos a la guerra y que nunca verán volver, una Verónica que se hunde en el velo. También digna la intrigante “Primavera” de una femme fatale que esconde algo y provoca con mirada amenazadora y una medio sonrisa peligrosa, así es como nos la quieren explicar.

Última Sala: Un “Paisaje de invierno con cerca” (Sándor Ziffer) con claras reminiscencias fauvistas llama la atención por su colorido. También un escorzo brutal en su composición (. Por su parte, la nueva interpretación de la pareja de “La nueva Eva” y “El nuevo Adán” (Sándor Burtnyk) nos transportan amablemente al estilismo Bauhaus. El forzado escorzo, contorsionado, del “Desnudo femenino” (Dezso Orban) atrae desde que se entra en la sala. Trazos cortos y definición de contornos en negro a modo de dibujo dan mayor fuerza al cuerpo, cuya postura es de muelle, encuadrándolo, como queriéndolo señalar, atisba los inicios de un tímido cubismo). Se entremezclan estos cuadros con los deliciosos y serenos “Ciruelos en flor” (Manet), o la contundente factura de Cézanne en un budegón, que comparte pared con “Los cerdos negros” de Gauguin. Muy modernista es el gran formato “Riachuelo II” (Karoly Ferenczy), de rosas pálidos y sosegado murmullo del agua que llega desde la esquina izquierda perdiéndose en lontananza. La pareja de “El nuevo Adán” y la “Nueva Eva” nos muestran las posibilidades de las líneas Bauhaus (su autor: profesor en ella). Planos dispuestos de tal manera que construyen una arquitectura. En el medio, el icono del Adán moderno: un puro autómata subido a una caja de manivela que se deja dar cuerda.

La conmemoración del 25 aniversario de la fundación del museo se celebra con una muestra ambiciosa por la cantidad de épocas que quiere abarcar, con obras muy importantes. Siendo la intención, desde luego, didáctica quizás camina demasiado deprisa, pudiendo llegar a emborrachar al visitante con tanta y tan diversa cantidad de obras que abarcan muchos siglos de nuestra existencia.

jueves, 11 de mayo de 2017

Guardiamarinas (1717-2017). Trescientos años de la Real Compañía




El Museo Naval de Madrid (Paseo del Prado, 5) nos ofrece una propuesta expositiva (gratuita) que casi está pasando desapercibida por el público en general. Se trata de la exposición “Guardiamarinas (1717-2017). 300 años,  de la Real Compañía, a la Escuela Naval . Permanecerá abierta hasta el 29 de octubre de 2017.

En la época en la que España rechazaba las interpretaciones heliocéntricas de Copérnico porque se oponían al pensamiento religioso inquisitorial, por su parte Europa se transformaba de medieval en moderna. En concreto, Francia e Inglaterra desarrollaban un saber científico sin parangón, que también llegó al mundo naval, mediante el progreso de los instrumentos de navegación científica y la aplicación de técnicas de ingeniería y astronomía a este sector del conocimiento.

Con la llegada de los borbones a nuestro país el panorama cambiaría. Felipe V entendió la necesidad de crear una institución que educara a los marinos en el “arte de navegar” (más que en el “arte de marear”, como hasta entonces se instruía en las escuelas navales de la época). Creó (en 1.717) la Real Compañía de Caballeros Guardiamarinas, basada en Cádiz y elaboró un amplio programa que les formara no sólo desde un punto de vista marítimo y de estrategia militar (es decir, el adiestramiento de guerra), sino que abarcara una intensa formación científica dando estudios de cartografía, meteorología, geodesia, astronomía e ingeniería a los oficiales que, tras pasar las pruebas pertinentes, lograban ingresar en la Real Compañía de Guardiamarinas (hoy en día Escuela Naval Militar). La idea era un plan de estudios tanto teórico (lo primero que se debía superar, durante dos semestres) como práctico (éste se iniciaba una vez terminada con éxito la fase anterior).

La escuela tuvo sus épocas de mayor y menor esplendor y los lugares en los que la escuela se ubicaba también iban cambiando con el devenir de los años (Isla de León, Departamentos en Ferrol, Cartagena que dependían del de Cádiz, etc.). También se fueron integrando distintos cuerpos dentro de ella (el de infantería de Marina, Artillería de Marina, Ingenieros de la Armada, entre otros).
En los albores del siglo XIX, con una España derrotada en Trafalgar, con guerras de independencia en América a las que el reino tenía que dar respuesta y la guerra contra Francia en 1808, dejaron un país diezmado. Esta crisis también afectó a la institución naval. Había que dar un nuevo sentido y un cambio profundo a la organización a aquélla (los cursos se ejecutaban en buques escuela, se ampliaron las escuelas de enseñanza en distintos puntos estratégicos de España). En 1913 se inauguró la Escuela Naval de San Fernando de Cádiz junto con la de Cartagena, dando servicio en los años de la Guerra Civil española, si bien en este periodo fue escasa su actividad, convocándose pocas plazas para nuevos ingresos.

Los Guardiamarinas tienen toda una historia que contar….. y es interesante. Para los niños también puede serlo. Entre uniformes, maquetas videos monedas se divertirán en una exposición (cinco espacios) cuidada y curiosa. ¡Llevadles!!

martes, 25 de abril de 2017

RETORNO A LA BELLEZA. OBRAS MAESTRAS DEL ARTE ITALIANO DE ENTREGUERRAS.




Es la exposición que nos ofrece, hasta el 4 de junio de este año la Fundación Mapfre en Madrid.

El que se conoció como grupo del Novecento implantó una nueva concepción de la expresión artística durante los años 20/30, si bien no fue únicamente italiano. Fue un arte internacional, con manifestaciones en Europa (Alemania es quizás la más conocida) y en EEUU. Lo que se conoció como la “vuelta al orden” (expresión usada por primera vez por Jean Cocteau), también se le ha llamado “realismo mágico” o “Valori Plastici”. Un retorno a los orígenes, a los oficios, a lo real (que esos años se consideró reaccionario y las críticas les llovieron) a las representaciones de síntesis, de la Naturaleza, los cuerpos o los objetos, con un aire de misticismo (realismo mágico) inconfundible que los define.

Presume la primera sala de varios De Chirico genuinos, metafísicos, de memorias arquitectónicas atemporales. Comparte espacio con su hermano Andrea en un diálogo presupuesto. El “Enigma della partenza” nos recuerda a su otro “Enigma de un día”, con sus arcadas y estatuas solitarias. Los signos descontextualizados de “El lenguaje del niño” evocan nuevos significados. SU “Melancolía hermética” también nos trae a la memoria “La canción de Amor”. En todos, la vuelta a la geometría, con un tiempo detenido, parado cualquier movimiento, que nos resultan extrañas (en línea con las ideas de la fundadora del Novecento, la crítica de arte Margherita Sarfatti).

En la Sala “Evocaciones de lo Antiguo” podemos entender una de las líneas maestras de este nuevo movimiento de entreguerras. Formado por pintores de distintas formaciones, se ejecutaban obras con tintes de construcción, con ruinas clásicas muy  presentes (“Leçon de musique” y “L’equilibriste”) dotando de gran simbolismo a los cuadros (muchos de ellos de gran formato). Los capiteles griegos, los pliegues de ropajes acartonados, colores sin mezcla, trazos sencillos y formas puras que contrastan con la monumentalidad de las figuras. Las miradas ausentes de los protagonistas nos transportan a un mundo imaginario, simbólico, de metáfora de un tiempo pasado, muy querido por este movimiento.

En “Desnudos” hay un bello cuadro “L’idolo del prisma”, apresado por su autor de una muñeca que vió un día en un escaparate. Contemplaremos un perturbador “Primo denaro” (C. di San Pietro) reivindicativo de abusos sociales y degradantes de la clase media italiana. Un desnudo despiadado, convulso, azul y desgarradoramente frío.

La sección “Paisajes” nos muestra a un Donghi (“Via del Lavatore” muy hopperiano, urbano y vacío. Unos edificios que, pese a estar repletos de transeúntes, son anónimos. Contrastan las obras crepusculares de la pared izquierda con los cuadros grises de la pared derecha (la mayoría de Sironi).

Regreso a la figura” nos quiere enseñar la importancia para este movimiento del regreso al moderno clasicismo (el negro de vestidos y el damasquinado de los suelos nos recuerdan inmediatamente la modernidad frente al clasicismo). Con dimensiones atemporales de retratos de amigos, familiares, mecenas, de gran solemnidad, entronizadas, facciones y extremidades alargadas, angulosas, de tonos grises, o bien monocromáticos (rotos por un color, como en “Le amiche” de Malerba).

Las obras “Donne per le scale”, “Malabarista” y “Giovinetta” nos revelan el ‘realismo mágico’ del Novecento. No es otra cosa que plasmar una atmósfera de mitología y figuraciones en escenas cotidianas. Lo diario se convierte, entonces, en algo inexplicable y, por tanto, mágico. Composiciones a priori absurdas (como las de estos cuadros) resaltan la inverosimilitud, produciendo escenas extrañas, como fantásticas. No hay encuadres fotográficos, sino metafísicos, de connotación psicológica.

El propio De Chirico lo entendía de esta manera, ante una escena cotidiana hay dos ángulos desde la que se observa …. “sin embargo, la escena no habría cambiado, soy yo quien la vería desde otro ángulo. He aquí el aspecto metafísico de las cosas, deduciendo podemos concluir que cualquier cosa tiene dos aspectos: uno corriente, el que vemos casi siempre y el que ven los hombres en general, y el otro, lo espectral y metafísico que solo pocos individuos pueden ver” (Realismo mágico y postexpresionismo, 1925). La Luz suave de los cuadros atribuyen una percepción romántica que impregna las obras.

El final de la exposición “Las edades de la vida”, transmite la idea del tiempo detenido. En realidad, fueron temáticas que se trataron: maternidad, infancia, senectud, pero con un contenido alegórico propio de estos artistas. Es la vuelta al orden y el teatro de la vida en su vertiente espiritual y silenciosa. “La partenza” (di San Pietro) conmueve por el realismo de la escena, la tristeza de sus protagonistas y el misticismo intimista del entorno (su autor estaba ya enfermo y pasaba largas temporadas aislado en la sierra véneta). La “Famiglia sulla spiaggia (Rosario)” mira al cielo, mientras que la senectud lo evita y dirige su mirada a un lado.

A partir de 1928 el grupo se vuelve más abierto, genérico, sin un itinerario programado, reuniendo a todo el arte italiano existente, hasta que finalmente se disuelve quedando puramente en un conjunto de amistades personales.

Una exposición de atributos que centra la técnica y dibuja las características de un movimiento importante y de expansión internacional que impregnó el arte de entreguerras italiano. Interesante.

 

martes, 28 de febrero de 2017

Lyonel Feininger






The students should be inspired from two sides, from the artistic and from the craft side

(Walter Gropius)

Lyonel Feininger (1871-1956), ignorado hasta hoy en España, ya no hay excusa para no tratarle y dejarse seducir en la Fundación Juan March, de Madrid. También ha editado un catálogo muy recomendable: es la primera monografía en castellano de este autor.

Casi 440 obras, documentos y juguetes que podemos disfrutar hasta el 28 de mayo de 2017 en la Fundación Juan March. Gratuito. De L a S y festivos: 11:00-20:00hs. Domingos: 10:00-14:00. Cerrada la exposición: 13 y 14 abril.

Hombre polifacético y experimentador (y hasta músico de cierta actividad como compositor de cámara). De todas estas vertientes da buena cuenta la exhibición. Su recorrido vital es singular cuando menos: se inicia como caricaturista y dibujante de cómic y progresivamente su estética, técnica y apetencias pictóricas cambia.

La Sala de juguetes y figuritas de construcción de la “City at the Edge of the World” (25-65), incluido el libro en el que trabajaron sus hijos, tiene un aire naïf que nos proyecta a nuestra infancia. “Conjunto de locomotoras con ténder y vagones” (13-14) o una pequeña ciudad de madera, con una niña con coletas o varios muñecos de nueve desperdigados abriendo sus brazos francos al espectador.

Dejaos seducir por “La dama de malva” (aquí sacada de su hábitat natural en el Thyssen) compartiendo piso con sus obras hermanas de padre común. La importancia del personaje (frente a los edificios) es explicativa, monumental (como la del “Hombre Blanco” a su lado). No hay segundo plano, ella desborda y se vela, pero hay gran armonía de planos. Los colores son casi mágicos. “El hombre blanco”, a su izquierda, es una de las primeras pinturas en las que F. trata la figura humana. Tras sus comienzos como caricaturista y dibujante (primeras salas de la exposición) deseó dedicarse más a la pintura. El título de la obra ha suscitado muchas opiniones. La desmedida figura deformada ¿es autorretrato satírico? Y el diminuto hombre de negro saltando entre sus piernas en segundo plano ¿su alter ego?. Feininger diría que “la monumentalidad no se consigue agrandando las cosas -¡qué infantil!- sino contrastando lo grande y lo pequeño”.

Hay en el recorrido obras muy mayores de este autor, teniendo en cuenta que Feininger fue un pintor tardío (su primer cuadro lo hizo con 36 años). “Cristales rotos” merece un tiempo de admiración. De este periodo como instructor de grabado en la Bauhaus de Weimar tenemos algunos cuadros expresionistas y grabados. Su xilografía “Catedral” se usó para ilustrar la cubierta del primer Manifiesto de la Bauhaus de 1919 (en la exposición), símbolo del ideal común que les unían las artes libres y las aplicadas, los oficios y la técnica plástica.

Cuelgan bastantes láminas de xilografías a la fibra, donde ensayar nuevos caminos de manifestación. Un espacio abarrotado de tintas y acuarelas de barcos, buques de carga, paisajes, escenas urbanas, iglesias, marinas, veleros bergantines, puertos y puertas (“Das Tor” y “The gate”), flechas, triángulos puntiagudos . En esta etapa de su vida entra en contacto, por tanto, con V. Kandinsky, P. Klee y H. Schlemmer, que le invitan a ir transformando sus obras en representaciones fragmentadas y geométricas. Esta será la tónica que le acompañará. Se identifican cuadros de corte simétrico, riguroso, geométrico, que dan idea de un urbanismo superpuesto en muchos planos.

Los cuadros de barcos de recreo son una delicia. De su visita al Báltico en los años de la guerra, Feininger renovó un interés que ya desde niño le inspiraban estas escenas, lo que plasmó en lienzos verdaderamente líricos y equilibrados. Absolutamente poéticos. Recuerdan a los de Caspar Friedrich un siglo antes. Sus veladuras tan característicamente definitorias de sus cuadros se patentan en estas marinas. “Mar en calma I” (26) nos evoca una oscuridad calmada por la luz blanca lunática que llega en un paralelogramo vertical, un foco en el horizonte. No hay reflejo albo en el mar. Un fundido en blanco en una atmósfera, con un mar de espejo de quietud categórica, varios veleros veleros, un único ser humano mínimo retirado que agiganta la soledad del espacio. Sus peculiares líneas geométricas dibujan un abandono nostálgico.

Podemos ser espectadores en sus lienzos de prismas poéticos superpuestos (“Gelmeroda VII”). Muy ligados para entenderlos a sus contactos con los grupos Die Brücke y Der Blaue Reiter.

Y de las últimas, quizás destacar su interesante “Lunar Web” (51) y las inacabadas “Azoteas de Manhattan”  de 1955, pintada un año antes de su muerte.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Barbie más allá de la muñeca




La Fundación el Canal abrió hace unos días sus puertas con una exposición sobre la muñeca Barbie “Más allá de la muñeca”.
Estará hasta el 2 de mayo. Entrada gratuita. De 11 a 20 hs. laborables y festivos y miércoles de 11 a 15hs.

Salas y corredores engalanados de rosa, casi reivindicando un espacio único para féminas, aunque también hace su presencia (exigua, hay que decir) Ken. 440 muestras de estas muñecas que, desde 1959 y junto con la competidora Nancy (más actual esta última, del 68), hicieron las delicias de niñas y mujercitas, y –a lo largo de los años- de coleccionistas y diseñadores de moda. Porque este objeto de deseo también se ha abierto camino como icono de moda (¿serán sus larguísimas piernas delgadas las que subyugaron a modistos famosos?..... nada que ver, por cierto, con las más rechonchitas y bonachonas de la amable Nancy de Famosa).
Parece que el animus exponendi de la muestra es superar las fronteras de la Barbie como referencia de género, esto es, una muñeca para niñas que solo ha sido eso, un símbolo para este sexo. (“Barbie revolucionó los patrones de juegos de las niñas y durante casi sesenta años les ha inspirado valores igualdad de género, de autosuperación, de integración racial y cultural, de respeto por la diversidad, familiares, de apreciación de la cultura…. y todo ello sin dejar de lado su condición de muñeca juguete, de referente de la moda y de baluarte de la feminidad”).
Sin estar del todo de acuerdo con tan exacerbada exaltación de las bondades aspiracionales de una muñeca que es, ante todo, eso: una muñeca, inspirada y propuesta para ellas, no es menos cierto que la icónica figurita (risueña, esbelta, pizpireta) ha logrado un hito épico casi, ¡que hasta Warhol la pintara! Y que los mejores modistos del planeta se animaran (¿o sucumbieran a sus encantos?) a ponerla de tiros largos con modelos de collection privée. Hay que reconocerle el mérito, sin duda.
Esta exposición, para ir con niños (unos y otras, si se animan, porque es muy agradable y divertida) muestra claramente una narración histórica (que no historicista) de los cambios de la moda a través de estas piezas (de las primeras de los años 50 hasta la actualidad). Anuncian en el recinto que esta exposición muestra los cambios sociales aunque, me temo, que no es para tanto.

Descubrimos también las casas de la “ferolítica” familia rica compuesta por el abnegado Ken y los hijos de la pareja, incluyendo los chalets más modernos y el piso años cincuenta con paredes de cartón y a todo color. O bien los barcos, coches, vestidores de ensueño, y una sección multicultural de Barbies en el mundo, donde nos deleitan con un desfile de tornasolados atuendos de nacionalidades de los cinco continentes (por un momento también recordé las entrañables colecciones de “Barriguitas” de todos los tipos… ¡qué tiempos los de la niñez!). Por no hablar de las Barbies azafatas, o las de las Fuerzas Armadas. En contadas ocasiones se hacen acompañar de su Ken aviador o piloto, también con la indumentaria propia de la vitrina. No os desvelo el placer de la última sala abovedada ¡toda una sorpresa!.
Merece la pena para una mañana de domingo, con aperitivo incluido en la ruta.